Cuando se realizan los censos nacionales en un país, lo primero que se nos viene a la mente es una lista de preguntas que habríamos que responder cuando los organizadores lleguen a nuestras casas a realizar su labor respectiva.
Luego de ello, podríamos decir que nuestro deber ciudadano es responder todas ellas con mucha sonrisa, y un vaso de limonada o gaseosa para los entrevistadores, permitiendo que su nerviosismo no opaque tan importante decisión.
Pero que sucede cuando existe una orden de inamovilidad hasta que acabe el Censo, desde mi parecer, aparte de preocuparnos de que haremos durante toda una tarde, podríamos pensar en “por fin un domingo con mi familia” y sonreír a ello aunque eso quiere decir que esta armonía dure por lo menos un juego de monopolio o unas cuantas películas en el dvd de la casa.
Una de las cosas que no me permiten pensar lo mismo, es a) mi familia se encuentra en otro país, b) estoy en la habitación de un hotel sin tener con quien jugar Monopolio (además que no tengo monopolio).
Ser turista en un país donde a una institución se le ocurrió “la brillante idea” que nadie, incluidos los turistas puedan salir a la calle y con la ley seca incluida hasta que acaben las encuestas, no resulta nada agradable, pero como visitantes solo nos queda respetar sus acuerdos.
A mi entender prohibiciones como estas generan una sensación de frustración, pues te privan de cierta libertad, dicho sea de paso esto me hace acordar cuando de niño la profesora nos decía - nadie salga del salón hasta que yo regrese – generando que todos quisiéramos salir del salón o inclusive en nuestra adolescencia cuando nuestros padres no nos dejaban salir a una fiesta, veía a mis hermanos escapándose por la ventana.
El día de hoy solo le pido al Señor que no se vaya el internet porque sería una cárcel completa…
*foto de @fabian_aguilar
*foto de @fabian_aguilar
