Reencontrarte con aquella persona, decidir caminar juntos, bailar juntos y en ciertos momentos ser sinceros entre ambas personas, con un solo acuerdo ser quienes realmente son, mirarse con otros ojos, dejar el pasado donde empezó y no permitir que los siga, aunque el mundo y ambas personas hayan cambiado su forma de ver el mundo o de mirar al otro lo hicieron hace años atrás.
Hay que ser sincero, siempre se vuelve difícil mirar aquellos ojos, aquellos labios, aquella sonrisa, aquella forma tan sarcásticamente o tercamente y por último todo lo que encuentren en la otra persona. Todo ello se vuelve tan difícil de tener al lado sin desear abrazar todo ello, volviéndose todo un reto. Es al final como contemplar un mismo paisaje desde otra ventana y encontrando detalles que nunca pensaste encontrar mientras te sientes maravillado.
¿Suena confuso?, pues déjenme decirles que más confuso es lo que sucede en nuestro interior, las reacciones son distintas, muchas veces más eufóricas, otra veces más precavidas, tratando de no romper ese frágil papel que tienes en la mano llamado hábilmente en este mundo como “amistad” y darte cuenta con ello que no te duele como antes, sabiendo que no es por un tema de desinterés, sino, porque ya no eres el mismo desde que inicie a escribir en un blog.
