Después de muchos años, hoy 12 de septiembre, Alexander se encuentra agradecido por cada una de las personas que han formado parte de su mundo, quienes demostraron que las historias aún no terminan de escribirse y que en muchas oportunidades pueda cambiar de rumbo.
Decidió asumir su vida política, de la mano de una gran persona, de un equipo y de una institución, reconociendo que definitivamente en ese proyecto habrá altos y bajos, pero lo más importante que existirán amigos con quienes aprenderá que el dialogo y concertación son las herramientas básicas para una verdadera vida política... definitivamente lo aprendido en estos años le permitirán seguir creciendo.
Hoy, al apagar una vela, solo un deseo tiene en la mente, la de cruzar el charco en busca de un abrazo de esa pequeña muñeca que regala besos a quien extraña y forma parte de su vida; quizás esa es otra historia que aún no se sabe si se escribirá…
Colgó la pañoleta y sumó en la mochila las enseñanzas de un gran amigo y maestro, encontró en una Alameda la oportunidad del ejercicio, y en las regiones del país el interés de los y las jóvenes de crear una meta que para muchos era imposible.
Logro conocer muchas ciudades a lo largo y ancho del Perú, con diversos climas, rostros y formas de pensar, de quienes se apoyo y aprendió, volviéndose amigo de cada rincón al que viajaba dentro y fuera del país, fue así que juntos tejieron una red de voluntad y amistad sin pensarlo.
De cada una de ellas guarda buenos recuerdos, fotografías y enseñanzas; reuniones, debates, documentos y apuestas; de cada uno de estos lugares podría mencionar líderes y sueños, pero más que eso personas de gran espíritu de los cuales tiene la fe, que continuarán con la gran tarea y que algún día juntos escribirán la historia del país.
Luego de jugar en la calle a la vuelta de su casa, intentando jugar el futbol con la misma habilidad que sus patas de barrio, entendió que quizás no podría encajar allí, decidió embarcarse en una aventura en un mundo donde todos usaban pañoletas, jugaban, cantaban y danzaban entre jefes y amigos, con una camisa que tenia por nombre Grupo Scout Lima 12.
Aunque sus padres nunca estuvieron de acuerdo, la alegría y las ganas de aprender permitieron a Alexander seguir asistiendo, llevando entre sus cuadernos de colegio, las enseñanzas de un grupo humano al cual lo acompañaría hasta la adultez.
Muchos de sus amigos y amigas scouts (algunos de ellos lejos del páis hoy) se convirtieron en hermanos de sentimiento, muchas enseñanzas se convirtieron en acciones para su vida, muchos de sus logros se convirtieron en los mejores momentos, y muchos campamentos en historias y aventuras que deben de ser escritas.
Así se inicio todo, un 12 de septiembre en una ciudad como todas, una ciudad de la urbe de la capital del Perú, donde Carlos e Isabel tuvieron a su cuarto hijo Alexander, creciendo en un callejón de doble entrada y salida un callejón donde los vecinos eran parte de la familia y los que no lo eran se sentían parte de ella.
Para llegar a la casa de sus abuelos maternos había que cruzar la pista y listo, para llegar al colegio no cruzaba la pista, solo caminaba en la misma vereda hasta doblar dos esquinas mientras repasaba el cuaderno sin darse cuenta que su abuelo siempre venia atras.
Con los años salío de ese pequeño mundo para conocer a la vida, una vida para encontrar las personas que construyeron junto a él, una historia larga y extensa, cuyo titulo llevaría su nombre, pero que aún no termina de escribirse